Octavo gobierno de Guatemala. Artículo de opinión de Manfredo Marroquín en elPeriódico

Guatemala, 18 de julio de 2013

Escuchar al presidente Otto Pérez Molina en la radio haciendo una evaluación de su gestión a un año y medio de gobierno, me hizo sentir como un espectador de una película estilo TiburónTerminatorLa Guerra de las Galaxias o cualquiera otra de las que se han producido en varias entregas y donde la audiencia, a pesar de conocer el contenido central de la trama, acude expectante a la sala de proyección.

Este gobierno es el octavo de la “era democrática” y por su desempeño visto en estos 18 meses presagia un final casi idéntico al que tuvieron gobiernos anteriores, con saldo de un desencanto generalizado y un descrédito que casi llega al repudio, por los evidentes y recurrentes equívocos y desaciertos en su gestión. Esto no debe extrañar, pues son tramas con intérpretes que actúan sobre un mismo guión, ofreciendo una mejor actuación que jamás llegan a concretar, por falta de conocimientos, experiencia, de talante ético y, especialmente, de ausencia de compromiso con la ciudadanía. Son gobiernos que creen que su base son sus votantes, creando sistemas clientelares para intentar mantenerla, y ellos mismos terminan configurándose como los principales beneficiarios del uso de los recursos del Estado.

Siguiendo con el ejemplo de las películas, el problema radica en que para el público, desafortunadamente, la función no termina en dos horas, sino que dura cuatro largos años, al final de los cuales la taquilla termina chiflando y renegando por haber pagado con su voto un montaje mediocre que el márquetin vendió como un aspirante al Óscar.

Ahora bien, ¿qué está fallando en este nuevo rodaje? Las actuaciones y poses de los protagonistas ya perdieron originalidad y se limitan a burdas imitaciones en las que se proyectan efectos especiales para distraer a los espectadores, pero las muecas y el maquillaje ya no causan ninguna ilusión ni distraen la atención del público. No se percatan que el guión trillado de una camarilla tomando por asalto las arcas del gobierno, que abusa de su poder de incompetencia para colapsar las instituciones del Estado, con un final infeliz donde los malhechores vencen a la justicia gracias al poderoso aparato de impunidad de que disponen, ya colmó la paciencia del público.

El Gobierno cree que con pautar altos volúmenes de publicidad va a generar un cambio en la percepción de la población. Sin embargo, este tipo de comunicación no cambia las realidades que la gente vive. La frase atribuida a la maquinaria nazi de que se puede mentir repetidamente esperando que al final quede algo, es limitadamente cierta. No se puede engañar diciendo que hay más seguridad, si la gente es abatida por la violencia todos los días; no se puede engañar diciendo que se trabaja para erradicar la pobreza, cuando suben los precios todos los días.

No, Presidente, la publicidad no cambia realidades. Si a usted no le gustan las críticas, debe dar resultados en vez de tratar de desacreditar a sus críticos. Diciendo que aquellos que lo critican mienten no cambia la realidad de la gente. Sería mejor tener el talante ético de reconocer humildemente que su gobierno no está cumpliendo con lo prometido ni atendiendo los desafíos que el país enfrenta. Sería mejor dejar de escuchar a los que le dicen que todo está bien, porque no es cierto. Si no atiende la realidad, pasará a la historia como otro gobierno fracasado.

Usted es un militar retirado que viene del mundo especializado de la inteligencia. Aplique lo que aprendió, pero no para desacreditar a los que le critican, sino para leer adecuadamente la realidad y corregir el rumbo. Ya no está a tiempo para hacer un gran gobierno, pero al menos puede concluirlo de manera decorosa. Solo sea humilde, Presidente. ¡El que tenga oídos que oiga! http://www.elperiodico.com.gt/es/20130718/opinion/231255/

 

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